María Isabel Riquelme, la madre y fiel seguidora de Bernardo OHiggins.

Hija de una acomodada familia de Chillán, no hay claridad respecto al año en que nació, se enamoró de Ambrosio O’Higgins con quien tuvo a su hijo Bernardo. Si bien nunca se casó con don Ambrosio, éste le dio su apellido al hijo natural de ambos. Fue fiel compañera de su hijo en la lucha por la independencia, acompañándolo incluso en su exilio en Perú. Murió en Lima, en 1839. Sus restos fueron repatriados en 1947, y en 1993 fueron trasladados a su ciudad natal.

María Isabel Riquelme, la madre y fiel seguidora de Bernardo OHiggins.

Proveniente de una de las familias más importantes de Chillán, fue hija del regidor Simón Riquelme y Goycoechea, y de María Mercedes de Meza y Ulloa, no existe claridad sobre su fecha de nacimiento y el dato más cercano es la fecha de su bautizo en 1759 en Chillán. 

Dada la importancia política de su familia, no resultaba extraño que los personajes de cierta importancia que viajaban a esas tierras alojaran en casa de don Simón Riquelme. Así ocurrió en 1777 -cuando Isabel tenía 18 años de edad- con Ambrosio O’Higgins, quien quedó prendado de la niña, a pesar de los 39 años que los separaban. Bajo promesa de matrimonio, la joven se entregó a los requerimientos amorosos del maduro irlandés, unión que dio como fruto al futuro Libertador de Chile: Bernardo O’Higgins.

Bernardo nació el 20 de agosto de 1778 en la casa de sus abuelos maternos, en Chillán, actual Chillán Viejo. Tras su llegada al mundo, Ambrosio O’Higgins se preocupó mucho de proteger a Isabel, lo que quedó demostrado con el hecho de que -a pesar de la costumbre de la época de bautizar a los hijos naturales con el apellido de la madre- se le pusiera el suyo, de modo que en cualquier tiempo pudiera constar que el niño era su hijo (1783).

Sólo se dejó constancia de que su padre era O’Higgins y su madre una "señora principal del obispado de Concepción". Al mismo tiempo, la familia de la joven tuvo especial atención en ocultar que ella había sido madre soltera. El prometido matrimonio nunca se efectuó, pero Ambrosio reconoció al pequeño y siempre se preocupó, a la distancia, de su educación.

El hecho de que Ambrosio no se casara con Isabel podría explicarse por el interés del oficial irlandés en proteger su promisoria carrera administrativa, ya que en esa época las leyes españolas prohibían a los funcionarios públicos contraer matrimonio con mujeres criollas de los territorios bajo el dominio del Imperio. Esto sólo era posible con la previa autorización del Rey y no hay constancia de que Ambrosio O’Higgins hubiera solicitado tal permiso.

Isabel Riquelme permaneció bajo el techo paterno y Ambrosio continuó con su carrera, que lo llevaría a ocupar el cargo de Virrey del Perú. Tiempo después, ella contrajo matrimonio con Félix Rodríguez Rojas (1780) y fruto de esta unión nació su hija Rosa Rodríguez, quien en la época de la Independencia adoptó el apellido de su medio hermano Bernardo. Isabel enviudó en 1782. Una tercera hija, bautizada con el nombre de Nieves, vendría al mundo en 1793, tras su unión con Manuel de Puga y Figueroa.

Aunque Ambrosio O’Higgins se hizo cargo de Bernardo, Isabel nunca se desentendió de él y concurrió continuamente a visitarlo cuando estuvo internado en el colegio de naturales de Chillán. Lo recibió cuando terminó sus estudios en Lima y sólo cuando el joven se radicó en forma definitiva en Chile, al término sus estudios en Inglaterra, pudieron desarrollar una relación filial más completa.

Muchas son las epístolas que el joven Bernardo escribió a su madre desde su residencia en Lima y en Londres, en las que se evidencia el profundo amor que sentía por ella. Isabel Riquelme acompañó a Bernardo en la lucha por la Independencia de Chile, dándole ánimos para continuar en la tarea emprendida. Lo siguió entre 1814 y 1817 hacia el exilio en las Provincias Unidas del Río de la Plata.

La experiencia fue dura por las estrecheces económicas que debió padecer. Incluso, algunos autores destacan que junto a Rosa se dedicaba a la fabricación de cigarrillos, que luego eran vendidos para ayudar a sufragar los gastos que debían enfrentar. Después de la victoria de Chacabuco, Isabel retornó a Chile y vivió junto a su hijo en el palacio directorial.

Acompañando a su hijo -junto a Rosa y a su nieto Demetrio- partió al exilio en Perú. Falleció en Lima en 1839. Sus restos fueron repatriados desde ese país y sepultados en la cripta de los arzobispos de la Catedral de Santiago en 1947. Allí permanecieron hasta agosto de 1993, cuando fueron trasladados a su ciudad natal.