Montañas de Chile: el nevado de Longaví

Hacer senderismo hacia el Longaví es una actividad relativamente dificultosa pero de claras gratificaciones. En la ruta, se encuentran lugares y vistas de impresionante belleza, que incluyen bosques vírgenes, glaciares, la Laguna Achibueno y grupos de cipreses de la Cordillera, al sur del Cerro El Toro.

Montañas de Chile: el nevado de Longaví

El Nevado de Longaví, tiene una altura de 3,240 msnm, es un "estratovolcán" de la Cordillera de los Andes, ubicado específicamente en la provincia de Linares, en la Región del Maule. Su cono, con nieves perennes en su cumbre, y generalmente también en sus faldas, es un hito de gran belleza regional y nacional.

Este volcán no tiene un cráter abierto ni hay memoria de que haya tenido erupciones recientes ni históricas, pero se estima que su última erupción fue en el año 4.890 a. C. ± 75. Hay material sulfuroso en sus laderas el que, en ocasiones, despide un penetrante olor. En la parte superior de todas sus caras hay glaciares y neveros.

Hacer senderismo hacia el Longaví es una actividad relativamente dificultosa pero de claras gratificaciones. En la ruta, se encuentran lugares y vistas de impresionante belleza, que incluyen bosques vírgenes, glaciares, la Laguna Achibueno y grupos de cipreses de la Cordillera, al sur del Cerro El Toro.

Para los que viajan por la ruta 5 hacia el sur, es evidente el cambio en la hegemonía sobre el paisaje que se produce entre Talca y Linares. El volcán Descabezado Grande cede el paso al mucho más espigado y estético nevado de Longaví.

El “Nevado” se ubica entre los ríos Achibueno por el norte y Blanco por el sur, emerge en medio de un paisaje que conjuga lagunas y ríos con aguas cristalinas, antiguos bosques de coigües, robles, mañíos, cipreses, lengas y muchos otros. 

El primer registro de ascenso al nevado Longaví data de 1946, cuando el montañista Carlos Píderit intento subir por su cara, llegando hasta la base del torreón. Dieciséis años pasarían antes de que el 20 de enero de 1962, siguiendo la misma ruta que había intentado Píderit, los montañistas Fernando Montenegro y Carlos La Rivera coronaran su cima, tan sólo para encontrarse con una pequeña pirca y unos rústicos crampones hechos de madera y clavos de 5 pulgadas.

 
Posteriormente se le han hecho nuevas rutas a esta montaña, principalmente por su vertiente norte, accesible a través del río Achibueno. Entre éstas se puede destacar las rutas de ascenso por el estero Los Patos y por la quebrada Los Perros.