Nuestra tierra helada y lejana: Antártica Chilena

Los invitamos a conocer un poco más de la historia de esta tierra incógnita, para amarla, cuidarla y si llega el momento, defenderla. 

Nuestra tierra helada y lejana: Antártica Chilena

Es nuestra sí, en parte es nuestra esa tierra helada y lejana, que cubierta por la nieve, surcada por los mares, es ella misma un tesoro de agua dulce que promete otros tesoros de oro, plata, cobre y litio.

Oh futuro, no nos traigas a los buitres codiciosos que vendrían a disputarnos este pedazo de tierra, a desnudar sus entrañas, a beberse el agua de la que se han tejido los mantos de nieve.

Kissinger lo decía, Chile es solo un afilado cuchillo que se clava en la Antártica. ¿Quién buscará hundir ese cuchillo para sacarnos nuestro corazón helado? 

Los invitamos a conocer un poco más de la historia de esta tierra incógnita, para amarla, cuidarla y si llega el momento, defenderla.

Sus riquezas

Estas tierras guardan el 90% de  las reservas de agua dulce del planeta. Hoy sabemos que el cambio climático recorre el mundo dejando una estela de tierras secas y estériles, obligando a millones a emigrar desde vastos territorios hacia zonas que les permitan la supervivencia.

Pero hay otros que piensan desde los templados climas como aprovechar las oportunidades de la escasez y comprenden que las verdaderas batallas del futuro serán por el dominio del agua y otros recursos naturales. Oro, plata, zinc, petróleo, litio etc. se encuentran escondidos en las  profundidades del continente helado.

El  Tratado Antártico 

Durante el siglo XX se inician las reclamaciones de soberanía en el Continente Antártico. Gran Bretaña, Nueva Zelanda, Francia, Australia y Noruega, fueron parte de ellas. Se hizo necesaria la intervención de Estados Unidos para tratar de encausar las reivindicaciones, sin embargo en 1950, Rusia señala que no reconocerá ningún acuerdo sobre la Antártica que no la considere y donde no estuviera representada.

Sería la comunidad científica internacional la que lograría avances y definiciones que permiten generar un espacio de convivencia pacífica entre los reclamantes de espacios soberanos y a la vez promover una legislación que permite, hasta hoy, la protección de estos maravillosos e importantes territorios. 

El 1 de diciembre de 1959, se firma el Tratado Antártico en que los países firmantes se comprometen en una serie de definiciones que por su importancia no podemos dejar de destacar.

En el artículo 1° se establecerá la desmilitarización del Continente Antártico, definiéndose que el espacio en cuestión se utilizará exclusivamente para fines pacíficos, quedando terminantemente prohibidas en el continente las bases militares, la realización de maniobras militares o el ensayo de cualquier tipo de armas.

En el artículo 5°, se prohíbe toda  explosión nuclear en la Antártida y la eliminación de desechos radiactivos en la región.

Por otro lado, en el artículo 2°, se proclama la libertad de investigación científica y cooperación científica en la Antártida.

El artículo 4° también tiene consecuencias importantes, ya que especifica la congelación de todas las pretensiones de soberanía territorial sobre la Antártida, no pudiendo durante el periodo de vigencia del tratado hacerse nuevas reclamaciones o ampliar las anteriormente hechas, aunque también en el artículo se especifica que no se eliminaban o renunciaban los derechos de soberanía territorial que los estados habían reclamado previamente.

Complementos al Tratado Antártico 

En 1991 se decidió ir un paso más allá en la conservación del continente helado. Cuestiones como el cambio climático y la necesidad de proteger los diversos ecosistemas de nuestro planeta que empezaban a estar ya en la agenda de muchos gobiernos del mundo, por lo que también tuvieron  eco sobre la cuestión antártica. El especial ecosistema que el continente helado representaba debía ser protegido, firmándose en concordancia con esas nuevas preocupaciones sobre el planeta Tierra el llamado Protocolo al Tratado Antártico sobre protección del medio ambiente.

Este protocolo se firmó el 4 de octubre de 1991 en la ciudad de Madrid por los integrantes del Tratado sobre la Antártida y prohibía cualquier tipo de explotación de los recursos minerales de la Antártida, solo permitiendo la misma para fines científicos. La prohibición solo podía ser levantada por acuerdo unánime de todas las partes y alejaba a la Antártida de posibles rapiñas por sus grandes recursos minerales. Se convertía así este continente en el único lugar del mundo en el cual, hasta ahora hombre y naturaleza han sabido coexistir, volviéndose lo que un día fue la más apartada e inhóspita de las regiones terrestres en un ejemplo de cooperación y convivencia para toda la humanidad.

 Los derechos de Chile sobre la Antártica 

Nuestra  posesión y soberanía están avaladas por los títulos de dominio dados a la Capitanía General de Chile por la Corona Española durante la Conquista de América y por la acción republicana posterior de Chile, que, por medio del Decreto Supremo Nº 1.747 del 6 de noviembre de 1940, precisó sus límites: su capital, Puerto Williams, está situada en la Isla Navarino, en la ribera sur del canal Beagle.

Los títulos de Chile son mérito del conquistador Pedro de Valdivia, quien insiste hasta conseguir la extensión del dominio de Chile hasta el Estrecho de Magallanes, asignándole la administración de la zona austral a Jerónimo de Alderete.

Alderete fue entonces el encargado de Valdivia para administrar estas tierras. Al morir Valdivia, una década más tarde, Alderete pasó a ser directamente Gobernador de Chile, incluyendo el Estrecho, en otra prueba de que su administración estaba dentro de los límites de la Gobernación chilena, razón por la cual pudo heredar de Pedro de Valdivia su cargo.

A los antecedentes jurídicos debemos agregar el natural nexo geográfico que existe entre la Antártica y la zona Austral de Chile, pues estudios científicos indican que ambos estaban unidos en un pasado remoto, y que el desprendimiento de ambos dejó una estela de islas, rocas e islotes que marcan el contorno del Arco de las Antillas Australes o del Sur, cuya línea conecta la Tierra del Fuego con la Península Antártica o Tierra de O'Higgins.

Todo el océano dentro de este arco austral es Pacífico, Chile, es el único país que está en proximidad inmediata a la Antártica, sin cubrir enormes distancias de enlace, y con una vía marítima unioceánica, por lo que sus derechos no son colonialistas como los de todas las demás naciones que alegan territorio en él.

Así tanto jurídicamente (Leyes de Indias y Uti Possidetis Juris) como geográficamente (disposición geológica natural de unión entre territorio antártico y chileno continental) y oceanográficamente (relación del Pacífico con la Antártica), tenemos derechos irrenunciables e incuestionables sobre el continente del Polo Sur. Cualquier cuestionamiento a estos derechos es un atropello a las bases históricas de derechos soberanos de las naciones universalmente reconocidos como tales.

Finalmente, hace 75 años un 6 de Noviembre de 1940 firmó el DS Nº 1.747 en el que establece los límites del territorio chileno en el territorio Antártico, con este acto nuestro país vinculaba oficialmente la región polar Antártica Americana dentro de nuestra soberanía.

A continuación, les dejamos un poema de Pablo Neruda en honor a nuestra Antártica chilena.

Piedras Antárticas 

Allí termina todo 

y no termina: 

allí comienza todo: 

se despiden los ríos en el hielo, 

el aire se ha casado con la nieve, 

no hay calles ni caballos

y el único edificio

lo construyó la piedra.

Nadie habita el castillo

ni las almas perdidas

que frío y viento frío

amedrentaron: 

es sola allí la soledad del mundo,

y por eso la piedra

se hizo música,

elevó sus delgadas estaturas,

se levantó para gritar o cantar,

pero se quedó muda.

Sólo el viento,

el látigo

del Polo Sur que silba,

sólo el vacío blanco

y un sonido de pájaro de lluvia

sobre el castillo de la soledad.