Portales y la constitución escrita por un millón de chilenos

El cambio a la constitución propuesto por el actual gobierno nos hace recordar a Diego Portales y la Constitución del 33. La euforia y esperanza puesta en la realización de una constitución ideal, total y plena, que incluya lo más que se pueda al Chile contemporáneo, la constante crítica al desorden imperante; una economía, que con sus diferencias, crecía a un nivel lento y no esperado, altos síntomas de corrupción en la clase política, etc. 

Portales y la constitución escrita por un millón de chilenos

Un nuevo tema ha sido propuesto por el gobierno de turno. No cualquier tema sino uno de gran trascendencia y que estuvo dentro de las promesas de campaña: el cambio de la Constitución actual.

En el ámbito político hay quienes pueden estar o no de acuerdo con lo medida. La misma pregunta sobre la necesidad o no de una nueva constitución era controversial, pero lo propuesto en estos últimos días, o sea, la elaboración de una nueva Constitución “escrita por millones de chilenos”, sí que puede ser discutido.  

La pregunta que nos podríamos hacer, es si existe en el país, aquel gran número de personas especializadas en la elaboración de un documento de tal importancia.

Aquello trae a la memoria nuestra historia constitucional, el periodo de los ensayos, el encargo a algunos para la elaboración de una nueva constitución que sea el remedio de los problemas que nos aquejaban y aún lo hacen,  y nos recuerda también a un personaje que estuvo detrás de una de las constituciones que más debate ha generado: Portales y la Constitución del 33.

La búsqueda de progreso a través de la elaboración de nuevas constituciones parece ser parte del ADN de los pueblos latinoamericanos. Experiencias hay muchas y están presentes desde el inicio de la repúblicas independientes de nuestra región.

Diego Portales, este personaje controversial en nuestra historia, tenía algo así como un instinto muy particular para ver al país y los derroteros por lo que pudiera ser encaminado de una u otra forma. Es así que su experiencia como comerciante le permitió conocer en carne propia las trabas administrativas y la corrupción de Chile y Perú. Aquello le generó una profunda desilusión y rabia, que bien lo hace saber en varios documentos de su correspondencia y que hoy forman parte de su epistolario.

No corresponde hacer un juicio sobre la Constitución y la persona, pero es muy interesante observar lo característico de ambos periodos. La euforia y esperanza puesta en la realización de una constitución ideal, total y plena, que incluya lo más que se pueda al Chile contemporáneo, la constante crítica al desorden imperante; una economía, que con sus diferencias, crecía a un nivel lento y no esperado, altos síntomas de corrupción en la clase política, etc.

Con todo ello. ¿Habremos llegado a lo que Portales exponía en su carta a su socio Cea desde Lima en marzo de 1822? ¿Habremos alcanzado aquella virtud, para que como ciudadanos “libres y llenos de ideales” podamos escribir la columna vertebral de la República?

La historia la podemos leer desde varias perspectivas, pero démosle aquel punto ganado a Portales, pues con parte de aquella carta bien podríamos entender la historia de nuestro país hasta fines del s.XIX. ¿Hoy podríamos citarlo para vernos desde aquella perspectiva?

Dependerá de cada uno, pero lo interesante es que las ideas de muchos, terminaron en el fracaso de todos, en los fallidos ensayos constitucionales; y frente a un nuevo escenario es sano consultarnos sobre algo que nos compete a todos. Aquí viene bien una cita de Portales, y con ello veamos lo interesante del pensamiento de este, como dijimos y sabemos, controversial personaje:

“A mí las cosas políticas no me interesan, pero como buen ciudadano puedo opinar con toda libertad y aún censurar los actos del Gobierno. La Democracia, que tanto pregonan los ilusos, es un absurdo en los países como los americanos, llenos de vicios y donde los ciudadanos carecen de toda virtud, como es necesario para establecer una verdadera República. La Monarquía no es tampoco el ideal americano: salimos de una terrible para volver a otra y ¿qué ganamos? La República es el sistema que hay que adoptar; ¿pero sabe cómo yo la entiendo para estos países? Un Gobierno fuerte, centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, y así enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y de las virtudes. Cuando se hayan moralizado, venga el Gobierno completamente liberal, libre y lleno de ideales, parte todos los ciudadanos. Esto es lo que yo pienso y todo hombre de mediano criterio pensará igual.”

Referencias:

www.memoriachilena.cl/602/w3-article-3506.html
www.memoriachilena.cl/602/w3-article-96904.html