Que la violencia no nuble el ser araucano

Mucho antes de la conquista y de la llegada de los españoles, que creyeron haber descubierto nuestro continente, estas tierras eran de nuestros pueblos originarios. Ellos las habitaban y allí desarrollaron sus vidas, costumbres, leyendas, cultura; piezas básicas de nuestra alma nacional.

Que la violencia no nuble el ser araucano

Casi a diario nos enteramos de los delitos e incendios que suceden en la Araucanía. Pero muy rara vez nos enteramos de una buena noticia desde la cuna del pueblo mapuche. Y si bien aún hay muchas dificultades que resolver, es evidente que la Araucanía es mucho más que violencia.

Al mirar a nuestros pueblos originarios lo primero que destaca es que 1.200.000 chilenos se identifican con nuestro pueblo mapuche. Una cifra muy importante comparada con los 200 mil se identifican con las comunidades Aimara, Atacameña, Colla, Quechua, Rapa Nui, Alacalufe o Yagán. 

Al dimensionar el arraigo del pueblo mapuche en nuestro país podemos también cuantificar su herencia y reconocerla en nuestras vidas cotidianas. Somos herederos del pueblo mapuche y debemos aprender a ver y reconocer su inmenso aporte en la construcción de nuestra patria, nuestra identidad, nuestro Chile y nuestra historia.

Mucho antes de la conquista y de la llegada de los españoles, que creyeron haber descubierto nuestro continente, estas tierras eran de nuestros pueblos originarios. Ellos las habitaban y allí desarrollaron sus vidas, costumbres, leyendas, cultura; piezas básicas de nuestra alma nacional.

Guerreros enormes como Lautaro, Caupolicán o Galvarino, nos enseñan del amor al terruño y a la nación. Lenguas como el mapudungun, el quechua o el kakán modelaron nuestra lengua; la música nos ha acompañado desde la trutruka hasta la zampoña. Y entendamos de donde vienen nuestras palabras como choclo, palta, chalas, chupalla, huaso, guagua y cahuín que las utilizamos diariamente.

Desconocer en nuestras vidas el aporte de los pueblos originarios es estar ciegos a nuestro origen. Y si hoy solo vemos violencia en la Araucanía es que somos ciegos al “ser araucano”. A los miles de chilenos, pertenecientes a nuestros pueblos originarios, que cada día se levantan y llenan nuestra historia de emprendimiento y sacrificio para honrar a sus familias y cuidar a la Pachamama, la madre tierra, como fuente de la vida, de toda prosperidad. Y hoy más que nunca debemos valorar la modernidad del pueblo mapuche que desde sus orígenes nos enseñó que el desarrollo debe ser sustentable y que la Pachamama necesita ser tratada con cariño y con cuidado. Y también apreciar aquello que no sale en los diarios, pero que está presente día a día en la Araucanía: el valor del pueblo mapuche.