Re valorar la figura del huaso en nuestra cultura

¿Y si nos detenemos en cómo nos vemos las personas y la sociedad en Chile? ¿Quién representa mejor a los chilenos: el roto o el huaso?

Por: Carla Munizaga

Re valorar la figura del huaso en nuestra cultura

La pregunta no es sencilla y si revisamos la literatura chilena, veremos que son muchos los autores que han debatido y analizado los estereotipos literarios como signos de identidad, observando sus atributos en la conformación de una identidad nacional que está originada, en parte, en las figuras del huaso y del roto, personajes emblemáticos e iconos de lo nacional. Desde el siglo XVIII, tanto el roto como el huaso fueron entendidos como símbolos o expresión étnica de la nación. 

El roto un estereotipo vinculado a la Guerra del Pacífico: un personaje sufrido e inconstante; prudente, aventurero; valiente y osado; gran soldado, con ribetes de picardía y tristeza; a la vez generoso, desprendido y pendenciero. Sin embargo, algunos autores deconstruyeron a este personaje y lo transformaron en un roto de prostibulario, miserable, pillo y ladrón. Oriundo de clases bajas y lleno de amargura por su condición.

Por su parte el huaso que ha sido el símbolo del mundo rural, defendido por los criollistas como el que mejor representaba la idiosincrasia y el particularismo nacional y adicionaban el origen de la chilenidad al campo. Mariano Latorre, autor maulino y padre del criollismo, señaló que “durante mucho tiempo se tomó al roto como representante típico de la raza chilena. Sin embargo, el roto no es sino un accidente de nuestra raza. El huaso es su permanencia…” 

La vinculación del huaso con los caballos, con el rodeo y con las destrezas el campo, vestimenta de origen andaluz, cordobés e incaico, e incluso, en ocasiones, su lenguaje, son atributos tanto del patrón como del peón. El huaso, en la realidad como en la ficción es –a diferencia del roto– un personaje transclase, un canal no de confrontación sino de hibridaje social, de intercambio de visiones de mundo y de valores. 

Al mirarnos hoy, parece ser hora de reconocer la presencia del huaso es nuestro origen permanente y positivo, en nuestra idiosincrasia y en nuestra identidad. Reconocer nuestro origen y el corazón de huaso chileno nos puede permitir una mirada más allá de las clases y las diferencias. En los tiempos controvertidos que vivimos como sociedad, volver a mirar al huaso nos permitiría superar nuestras barreras y lograr un amalgamiento social que reúna a los más distintos matices de lo chileno en un sincretismo originario cultural.