Recorriendo el Chile profundo: Colina

Entre sus tradiciones, destaca la Fiesta de Cuasimodo, que es considerada una expresión de religiosidad popular característica de la Zona Central de Chile, y desde sus orígenes, en la época de la Colonia, se celebra el domingo siguiente a la Pascua de Resurrección.

Recorriendo el Chile profundo: Colina

La palabra “Colina”, según una pintoresca versión, deriva de “hollín”, palabra peruana que quiere decir “perdiz”. Otra versión indica que primitivamente, este fue un asentamiento de una colonia Inca, cuyo gobernador se conocía con el nombre de “Colinura”, que en quechua significa “Jefe de Bríos”. Los primeros españoles alterarían dicho nombre, estableciendo la actual denominación de la comuna.

La presencia humana en la comuna de Colina se remonta al año 1400, periodo en que estas tierras eran habitadas principalmente por comunidades incas.

Los antecedentes históricos más antiguos disponibles se remontan al año 1599, cuando Pedro de Vizcarra le otorgó la Hacienda de Chacabuco a Don Pedro de la Barrera, en premio a servicios prestados. Pasado un siglo, el 24 de Noviembre de 1723, Doña Melchora de Arraño y Doña María Ana de Arraño venden Colina al muy R. Padre Maestro F. Joseph de Carvajal de la congregación jesuita,que adquirió un total de 28.869 hectáreas, construyendo una Iglesia y casas. Sucesivamente los terrenos se vuelven a vender, se dividen y se subdividen.

Durante la Guerra de la Independencia de Chile la casa patronal ocuparía un lugar histórico, al construirse un albergue para los Patriotas que participaron en la Batalla de Chacabuco que se desarrolló el 12 de Febrero de 1817, y que tuvo como protagonistas al Ejército de Los Andes o Ejército Libertador a cargo del General San Martín, y Las Tropas Realistas comandadas por el General Rafael Maroto, designado por Marco del Pont. El triunfo de los patriotas en Chacabuco, significó el fin del dominio realista y, por lo tanto, del período histórico denominado – Reconquista. Después de él, el Ejército Libertador entró a Santiago y se estableció el Gobierno Patriota con Bernardo O’Higgins como Director Supremo.

Esta ciudad tiene variadas atracciones tanto históricas como aquellas que rescatan nuestro patrimonio. Una de ellas es la Iglesia Inmaculada Concepción, uno de los oratorios más antiguos del país. La “iglesia vieja”, como la conocen los Colinanos, que fue construida en 1578 por la orden franciscana. Azotada por varios terremotos, el último la destruyó en 1965, pero por algún milagro, parte de su estructura se mantiene en pie, como negándose a morir.

Entre sus tradiciones, destaca la Fiesta de Cuasimodo, que es considerada una expresión de religiosidad popular característica de la Zona Central de Chile, y desde sus orígenes, en la época de la Colonia, se celebra el domingo siguiente a la Pascua de Resurrección.

El nombre de Cuasimodo tiene su origen en el texto latino de la antífona introductoria del domingo después de Pascua de Resurrección: “Quasi modo geniti infantes” (“como niños recién nacidos”), tomada de la Primera Carta del Apóstol San Pedro, capítulo dos, versículo dos.

La tradición campesina de “Correr a Cristo” (los cuasimodistas corren al lado de la carroza que lleva al sacerdote con el Santísimo Sacramento) se remonta a la época de la Colonia, cuando el sacerdote llevaba la comunión a los enfermos y ancianos que no podían cumplir con el deber de comulgar, al menos una vez al año y de modo especial en Pascua de Resurrección, como fue recomendado por el Concilio de Trento. A raíz de los reiterados asaltos a los religiosos que llevaban las hostias en cálices y copones, los sacerdotes se hicieron acompañar por huasos a caballos.

Esta singular expresión de la piedad popular, definida por Juan Pablo II como un “verdadero tesoro del pueblo de Dios” (La Serena, 5 de abril de 1987), es el cumplimiento de una disposición establecida en el Concilio de Trento, de comulgar una vez al año, en Pascua de Resurrección. Con este objeto, el sacerdote lleva la comunión a los enfermos, ese día, acompañado de jinetes, ciclistas y carruajes engalanados, en un ambiente de devoción y alegría.