Teletón: espíritu solidario, parte de nuestra esencia

La grandeza de este espíritu mueve a que no sea una vivencia eventual y más bien que impregne toda nuestra vida.

Por: Guillermo Toro Parot.

Teletón: espíritu solidario, parte de nuestra esencia

A pocos días de la Teletón vuelve a aparecer el espíritu solidario que caracteriza a nuestra nación. Año tras año esta gran iniciativa nos reúne para dar una mano a personas que lo necesitan mucho. Eventos como este contrastan con el clima de confrontación que se vive en otras dimensiones de nuestra sociedad, especialmente la política.

No es raro este espíritu de solidaridad en nuestra historia. En el capítulo sobre las obras de misericordia del libro “La Edad Media de Chile”, el Padre Gabriel Guarda, OSB, reúne varios testimonios de personas que vivían este espíritu, inspirados por las palabras Evangélicas: “Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a verme”(Mateo 25, 35-36).

Luego del desastre de Curalaba, en 1598, la reacción fue contraria al daño sufrido: “Una de las urgencias fue la generada por la necesidad de reubicación de una gran cantidad de personas salvadas de las ‘siete ciudades’, las que son acomodadas en los mas diversos sitios, desde la capital a las ciudades de Perú” (P.Gabriel Guarda, La Edad Media de Chile, Santiago 2011, 505-515).

Respecto de la hospitalidad “una de sus más corrientes expresiones es la acogida que se brinda al forastero, no solo en las ciudades, sino en el campo. En las primeras, el estrado, en la cuadra o sala, es el sitio habitual donde se arma el alojamiento a los transeúntes. En cuanto a las casas de campo de la zona central, Alonso de Ovalle expresa que ‘son tantas que se puede dormir en ellas en poblado desde Concepción a Coquimbo’”(ibid).

Sobre la solicitud con los enfermos “es conocida la creación de hospitales en las principales ciudades del país, pero no lo es tanto el que desde el mismo siglo XVI no pocos seglares los establecen en sus estancias; los casos más notorios son las nombradas fundaciones de Pedro Olmos de Aguilera y Pedro de Aranda Valdivia, en 1580”. En la epidemia de viruelas en Concepcion al final el siglo XVIII se diputa a personas piadosas para contribuir con su limosna a la adquisición de medicinas y alimentos, corriendo la fundación del hospital de Talca enteramente a expensas de los hermanos, Nicolás y Juan Manuel de la Cruz”(ibid.).

En el servicio de las cárceles quienes destacan son los padres mercedarios los que buscaban el rescate y la oración por los cautivos. En el sinodo del obispo Carrasco y Saavedra se indicaba que puesto que en las cárceles no se les daba de comer a los presos, fuesen los seglares quienes se lo procurasen, y así se hizo por mano de una cofradía especial”(ibid.).

Entre otros muchos testimonios se puede ver que el espíritu solidario manifestado en el mandamiento del amor al prójimo ha estado presente en nuestro país desde sus orígenes y ha impregnado nuestra cultura hasta el día de hoy. La grandeza de este espíritu mueve a que no sea una vivencia eventual y más bien que impregne toda nuestra vida.