Un veterano de tres guerras visto por Roberto Arancibia Clavel

El general Roberto Arancibia Clavel, Jefe del Estado Mayor del Ejército y doctor en historia de la Universidad Católica, analizó el libro de José Miguel Varela “Un veterano de tres guerras”, el cual relata pormenores de las tres guerras que afrontó nuestro país 

Un veterano de tres guerras visto por Roberto Arancibia Clavel

En entrevista con la directora de revista Corral Victoria, Catalina Parot, el general Roberto Arancibia Clavel, Jefe del Estado Mayor del Ejército y doctor en historia de la Universidad Católica, analizó el libro de José Miguel Varela “Un veterano de tres guerras”, el cual relata pormenores de las tres guerras que afrontó nuestro país en el siglo XIX, la guerra del 79, la Guerra de Arauco y la Guerra Civil del 91.

En la entrevista, el general Arancibia destaca que a los chilenos “nos cuesta entender un Chile separado, primero la Guerra del Pacífico, después la Revolución del 91 y todavía, quizás especialmente en la Guerra del Pacífico, un sector del país era casi una isla, es decir, totalmente dividido”:

A continuación les dejamos esta interesante entrevista.

¿Por qué crees tú que este libro ha causado tanta conmoción,  ha tenido tan buen nivel de venta, tan buena recepción entre la gente?

Bueno creo que un poco tiene que ver con un título que han puesto los historiadores de nuestra patria… Chile es un país de guerras y así fue especialmente en el siglo XIX. Nos llama mucho la atención a los chilenos, que no somos muchos, 17 millones y tanto creo que somos ahora. Todos tenemos de una u otra manera descendientes que lucharon en estas guerras y ellos dejaron sus memorias, dejaron sus cartas, dejaron sus recuerdos y por la vía oral se fueron intercambiando entre las personas.

Creo que este libro tiene la gracia enorme de rememorar desde la perspectiva de un personaje que es de un grado subalterno, no es un general ni un coronel, sino que alguien que vivió la vida de soldado desde chico y que poco a poco fue enfrentándose a las grandes dificultades que la realidad le puso a Chile durante el siglo XIX que fueron muy fuertes, especialmente al término de la Guerra del Pacífico, la Revolución del 91 y un capítulo que estuvo casi paralelo a ambas, que fue la llamada pacificación de la Araucanía, también hablan de la Guerra de Arauco que fue, de alguna manera, la sumisión por la fuerza en Arauco. Todas esas visiones, por supuesto, tienen distintas ópticas y yo me quedo con que fue la pacificación de la Araucanía efectivamente.

Nos cuesta entender un Chile separado, primero la Guerra del Pacífico, después la Revolución del 91 y todavía, quizás especialmente en la Guerra del Pacífico, un sector del país era casi una isla, es decir, totalmente dividido, en esa isla, se llamaba la frontera, y ahí es donde había otra autoridad, que incluso llegó hasta un rey desde fuera y a propósito que hace muy poco, todavía hay una lucha, la herencia que habría dejado y todavía se reúnen allá en Francia los desencintes.

Gran parte del ejército en esa época, en la Guerra del 79, era un ejército que estaba formado principalmente por voluntarios, es decir las fuerzas oficiales y permanentes del ejército eran relativamente pocas. Si se hubiera enfrentado la guerra con las fuerzas oficiales del ejército, la verdad es que lo más probable es que hubiera sido un resultado distinto, o sea hubo muchos chilenos que se sintieron llamados a participar en esta guerra, entonces ¿cómo era el ejército, cómo estaba compuesto el ejército de Chile en esa época?

Mira, mucha gente, especialmente la historiografía peruana o boliviana a veces exagera como si fuéramos un país que estábamos luchando, especialmente en el sur, por lo que teníamos una preparación militar notable… la verdad es totalmente diferente, la verdad es que para la guerra del año 79, eran dos mil 440 hombres que tenía el ejército y el 75% de esa fuerza estaba concentrada en el sur, los regimientos estaban desplegados en pequeños destacamentos en la línea de la frontera que estábamos conversando y en Santiago, por supuesto, las mínimas tropas necesarias, esa era la realidad del ejército. Además existía una organización que se llamaba la Guardia Nacional, esa Guardia Nacional eran voluntarios, que viene de la época de España de las milicias y esa Guardia Nacional eran vecinos, se alistaban los fines de semana y se reunían en los cuarteles. La Guardia Nacional recibía instrucciones del ejército.

El ejército tenía un cuerpo de asamblea, que era un grupo de oficiales que destinaba esta Guardia Nacional y ahí se preparaban los soldados el fin de semana, era una preparación de civiles. Era algo que estaba bastante entendido en toda la ciudad y el origen era justamente enfrentarse a la resistencia que había, los famosos malones que se hacían a veces, se introducían en la ciudad, se robaban el ganado, se robaban las mujeres, se robaban muchas cosas, era bastante complejo.

Al mismo tiempo había una crisis económica tremenda, que no solo le afectó a Chile, sino que también a Bolivia, Perú a todos los países y a Europa, venía de vuelta, y ahí generó situaciones muy complejas, la Escuela Militar, por ejemplo, estaba cerrada y un poquito antes de la guerra se tuvo que reabrir. Por un tema de presupuesto, a los soldados se les pagaba menos plata, una miseria, eran voluntarios efectivamente como tú dices, pero eran voluntarios entre comillas, porque había que tener fuerza y esa fuerza no era voluntaria.

Las cifras son notables, el ejército llegó a tener en un momento determinado más de 45 mil hombres, estamos hablando de dos mil 440 al principio de la guerra, llegar a 45 mil, eso significó que por las filas del ejército durante toda la guerra pasaron cerca de 113 mil movilizados, o sea prácticamente el ejército activo era una mínima parte y ahí el entusiasmo nació de todas partes, se transformó en una competencia fantástica entre las regiones, entre el Batallón de Talca, el de Concepción, entonces eso fue muy bonito en la primera parte de la guerra, pero también hubo otras partes que no fueron así.

José Miguel Varela los vio sufriendo porque no tenían pertrechos, no tenían municiones, los vio sufriendo en las campañas brutales como la de Miraflores, la de chorrillos y al final logró también hacer una crítica muy fuerte al “pago de Chile” a todos estos soldados que fueron a entregar la vida y que finalmente cuando volvieron no encontraron qué hacer porque el ejército y el país no les reconoció lo que habían hecho y eso que esa guerra significó para Chile un cambio extraordinario, Chile es lo que es hoy en día en gran medida por la sangre de muchos de esos chilenos, entonces a mí me llamó la atención la vida de este hombre, porque además él se sintió muy identificado con estos soldados que lucharon tanto y que a muchos de sus amigos los vio morir de manera muy generosa por su patria y después a muchos de ellos se los encuentra como baldíos en el sur, formando parte del bandidaje del sur o en el mismo Santiago.

Yo creo que es muy importante esto del pago de Chile, que en la historia se repite el pago de Chile muchas veces, fíjate que el pago de Chile viene de mucho más atrás, el pago de Chile viene de la época de la Colonia y de la Conquista prácticamente. Cuando las huestes llegaron aquí, porqué se hablaba del pago de Chile, el ejército peor pagado, lo pagaba la Corona Española, era el de Chile. Entonces el peor castigo que había era mandarlo para acá y ese era el pago de Chile.

En la Guerra del Pacífico a la gente se le olvida, pero la mayor cantidad de muertos fue por heridas, por enfermedades, más que caer muerto en combate y eso producto de que la sanidad en ese tiempo era muy precaria y ahí hay una historia en la que se puede hablar de esta necesaria relación civil – militar que era importante mantenerla a toda costa en una sociedad incluso ya contemporánea, porque la historia sirve para eso, sirve para aprender lecciones. Aquí en la Guerra del Pacífico no existía el servicio de sanidad, Perú lo tenía, nosotros no. Se organizó civilmente y el servicio de sanidad dependía del gobierno, no del ejército y fueron los estudiantes de medicina de la Universidad de Chile y otros voluntarios que se organizaron, formaron las que se llamaban Unidades de Ambulancias, era una situación bastante interesante y compleja. Así que en ese sentido, efectivamente hubo un esfuerzo gigantesco que hacer y el pago de Chile fue que traían a los enfermos desde allá, los que murieron dejaron sus viudas, sus huérfanos, la previsión era un desastre y ahí también hay un papel de la mujer muy interesante, se habla de la que seguía a los ejércitos, ya que en ese entonces no había logística organizada en el ejército, pero también había una mujer en el frente interno en Chile fantástica, que hacía las vendas para los heridos, hacían los uniformes, muchos de los uniformes de la guerra fueron hechos por las manos de las mujeres de distintas provincias, que también competían en eso. También las cantimploras, que eran fundamentales, se hacían en las fundiciones locales.

Una de las cosas que me impresionó, es que muchas veces se dice que la Guerra del Pacífico y especialmente el Combate Naval de Iquique nosotros los celebramos sin prejuicio de que fue una derrota, mucha gente dice “fue una derrota y lo celebramos” “¿por qué celebramos los chilenos una derrota”?, sin embargo cuando uno lee este libro, y ve el efecto que tuvo en el ejército esa derrota, pero que fue vivida con tanto valor por Prat y por todos los que estaban con él, la forma en que ellos lucharon hasta el final, cómo se entregaron por el país, uno ve que esto no fue una derrota ¿Cómo lo ves tú?

Efectivamente, o sea, si ponemos al combate de Iquique y al Combate de Punta Gruesa juntos la verdad es que no fue tan derrota, pero efectivamente el impacto moral que tuvo no solamente el ejército, sino que el país completo y la gente que aún no estaba convencida que estábamos en una guerra muy importante para la sobrevivencia del país y la defensa de sus intereses, impactó mucho. Tengo una anécdota muy poco conocida, después del Combate Naval de Iquique se hizo una colecta en Chile y se hizo una colecta en el ejército para comprar una nueva Esmeralda. Soldados que ganaban una miseria, pusieron parte de su sueldo para comprar un nuevo buque, esa es una historia muy bonita, yo tengo unos antecedentes inéditos de esa época, donde está la lista de pagos para la colecta de la nueva Esmeralda y salía la lista completa de los soldados y la cantidad de pesos que ponía cada uno, ojalá que pudiéramos seguir manteniendo la historia con la cooperación de todo ciudadano y que entregaran un pequeño aporte para hacer viva la historia a través de los cruceros, de recuerdos o de programas como este.

Bueno la idea es esa, si nosotros lográramos rescatar el espíritu que hubo en esa época, sin necesidad de tener una guerra, porque claro, frente a una guerra todos se unen, pero si fuéramos capaces de sentirnos todos un mismo país, porque allá peleaban desde el más importante hasta el hombre más sencillo, de hecho José Miguel Varela cuenta cuando a él le toca estar no me acuerdo si fue en San Pedro, donde le tocó estar un buen tiempo con los soldados compartiendo y ellos se sentaban todos juntos a la mesa, tanto las oficialidades como el soldado común y corriente, y se arman sin diferencias sociales, sin diferencias de clases, todos luchamos por la misma causa.

Claro, se presencia esa sensibilidad social y como tú bien decías en tus palabras esa sensibilidad social en los militares es poco conocida y es justamente a raíz de eso. Eso que pasaba en la Guerra del Pacífico, me tocó muchas veces durante mis largos años de militar, con mis soldados, con mis sargentos, con mis cabos, dormíamos debajo del tanque en las campañas de 15 días, con frío, compartíamos entre comidas, hablábamos de la historia de vida de cada uno y eso genera una sensibilidad particular al militar.  Uno de los movimientos posteriores, que fue el año 24 en Chile, era justamente porque a raíz del servicio militar obligatorio en Chile que empezó recién en 1900, la cercanía entre la ciudad, el pueblo y el ejército fue mucho más cercana y ahí se empezaron a dar cuenta de forma mucho más cercana de las grandes necesidades que tenía la gente, porque antes nos miraban y perdón que use estas palabras políticas, pero son la realidad de la historia, decían que en el fondo los militares eran como la herramienta de las clases asalariadas, de los grandes intereses para reprimir al pueblo, al que se le abusaba y de ahí todos estos movimientos sociales que se forman.

Efectivamente hay eventos de nuestra historia donde le entregan al ejército cosas que el ejército no hizo que es la represión brutal, por ejemplo, en las salitreras y eso fue única y exclusivamente bajo órdenes de un gobierno democrático que lo impone y que había que hacerlo porque si no la salud y la libertad de las personas se vería tremendamente amenazadas como fue en el caso de Santa María, por ejemplo y otras más que se produjeron en esos tiempos en las salitreras.

Siguiendo con José Miguel Varela, es bien impresionante cuando a él lo devuelven a Santiago y cómo él se comienza a impresionar con todos los cambios que ha sufrido Santiago, por ejemplo se sorprende con la luz eléctrica y empieza a ver cómo cambia y realmente con él uno, primero yo como ministra conocí y recorrí todo el norte de Chile y ya me había maravillado con lo que es nuestro Chile, pero con él conocí lo que debe haber sido ese tiempo, ir conquistando  y haciendo nuestros nuevos territorios que antes no eran nuestros.

Es lindo ese recuerdo, pero además de eso, cada vez que venía de vuelta a Santiago y, yo disfruté mucho esa parte, cuando él cuenta en el libro cuando iba a robar té por ejemplo, cuando cuenta cuáles eran las picadas de la época, yo lo encuentro fascinante, porque muy poco se sabe de la vida cotidiana de esa época, entonces a la gente a lo mejor no le puede entusiasmar mucho el minuto de la caballería o de lo sanguinaria que puede ser una guerra, sino que  también conocer cómo era Chile en esa época.

Claro, él va conociendo cómo se van electrificando las calles, cómo va llegando la luz, ya que antes se usaban puras velas, cuando él parte a la guerra, cuando vuelve empieza a encontrar todas las ciudades iluminadas. Pero después él se va a la frontera y hay mucha información que yo no la tenía, por ejemplo allá el problema no eran solamente los mapuches, que los mapuches se sentían de alguna manera un poco invadidos porque venían a Chile a través del ministerio de Tierras y Colonización a muchos extranjeros, para que ayudaran a desarrollar esa parte de Chile, pero yo no tenía idea, por ejemplo, que estábamos bastante invadidos de argentinos. Cuéntanos un poco de qué se trataba esta cantidad de argentinos en el territorio ¿por qué?

Bueno la verdad es que el tema de los límites con Argentina es un tema recurrente durante todo el siglo XIX. Cuando Chile ejerce soberanía en el sur, específicamente en el Estrecho de Magallanes, empezaron las reclamaciones, pero antes de eso incluso un poco antes de la Guerra del Pacífico hay un incidente en el Atlántico, que se supone que eran territorios nuestros. Toda la Patagonia sur era chilena y por lo tanto nosotros tratábamos de ejercer soberanía y mandamos incluso buques de guerra o situaciones muy complejas antes de la Guerra del Pacífico y por eso durante la guerra, y eso no lo toca mucho nuestro autor, porque lo está mirando desde un protagonista más chiquitito, durante la guerra tuvimos siempre el peso y la sospecha del posible ingreso de Argentina al conflicto, que habría sido muy complicado para nosotros. Entonces habían incursiones que hacían baldíos, incluso fuerzas de gendarmería argentinas que cruzaban, porque estaban convencidos que estaban en su propio territorio y por eso en el libro se cuenta que efectivamente como militar le correspondía resguardar la soberanía, incluso hubo muertos en Lonquimay y en otros lugares.

El tema de la Araucanía fue siempre un tema muy complejo y se vio afectado también por una cosa bien interesante, y por eso está en la instrucción militar. Resulta que los militares que fueron enviados en reemplazo de los que se fueron a combatir al norte, no tenían la experiencia que tenía la comunidad veterana y, por lo tanto, cometieron algunos desaciertos, por decirlo de la manera más suave posible, lo que significó que eso instara a mayores rebeliones de carácter indígena y digo indígena no por una mirada despreciativa, porque a veces uno habla de los indios y la gente cree que se les está mirando en menos y todos los chilenos somos orgullosos de nuestros ancestros araucanos, es parte de esta fusión fantástica de nuestra raza y por eso en el libro, de una u otra manera él lo trata de explicar, pero se vivieron momentos muy difíciles, después vinieron los bandoleros, la gente que se quedaba sin trabajo después de la guerra que se dedicaba a robar, etc.

Más de 8 mil ejemplares se han vendido de este libro y yo creo que se van a seguir vendiendo. Vale la pena leerlo porque se van a entretener mucho y no solamente por el tema de la guerra misma, sino por las aventuras de los hombres y mujeres chilenas que vivieron en esa época.

 

“Un veterano de tres guerras” visto por Roberto Arancibia Clavel - Parte 1

 

“Un veterano de tres guerras” visto por Roberto Arancibia Clavel - Parte 2