Una mirada a las voces mapuches de las tardes australes

“El araucano ha tenido siempre y tiene todavía una literatura oral no insignificante, de leyendas, cuentos, fábulas, cantos, proverbios y refranes”. Así explicaba José Guevara, rector del Liceo de Temuco en su libro sobre Folclore Araucano, esta característica de los pueblos originarios.

Una mirada a las voces mapuches de las tardes australes

Su trabajo que rescató cuentos y cantos mapuches destaca los proverbios, frases tradicionales y refranes. A su juicio, la vena más rica de la literatura oral de los pueblos originarios, sin duda, estaban en la de los cuentos, biografías de jefes de grupos y tradiciones de familias. 

Contaba Guevara en 1911, como eran las narraciones en una ruca mapuche. “En Ias tardes sombrías o tempestuosas de los inviernos australes, cuando la familia mapuche rodeaba el hogar, a veces ocupada con los trabajos manuales de cada sexo, un hombre entrado en años, a menudo el jefe de la casa, y en ocasiones una vieja diestra en el manejo de la palabra, habilidad muy aplaudida entre los pueblos mapuches, comenzaban con una voz particular y según el estado de alma del día, relataban las hazañas extraordinarias de un antepasado, los viajes al norte de los caciques para ponerse de acuerdo con las autoridades militares, del nombramiento de caciques renombrados y también la narración de leyendas extrañas de espíritus maléficos, de brujos que cruzan en el espacio transformados en pájaros”.

“Los narradores se apoyan en trutrucas para enfatizar las batallas y en gritos y actuaciones para explicar sus relatos que hacen estallar de risas a los niños y enternecen a los mayores”, contaba el rector del Liceo de Temuco. 
Como ejemplo de sus proverbios nos dejó un pensamiento mapuche:

Ayün vemngei ta weñankun: La Risa se Parece al Llanto

Guevara explicaba hace casi un siglo que esta es una frase proverbial que alude a una costumbre araucana. El llanto de la mujer mapuche no es de sollozos sino de una serie de “ies” con prolongación de la última, que se asemeja a la risa de algunas personas. Tomás Guevara aplicaba esta expresión al sentido de que el motivo de la risa puede cambiar a llanto.