Yungay, la batalla del primer conflicto bélico de nuestra República

Batalla decisiva de la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, desarrollada entre 1836 y 1839, su resultado fue determinante para ganar el primer conflicto bélico que Chile debió asumir como nación independiente consolidando nuestra institucionalidad interna y posicionándonos en el contexto internacional como una potencia marítima y militar.

Yungay, la batalla del primer conflicto bélico de nuestra República

Entre los años 1836 y 1839 tuvo lugar la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, un enfrentamiento bélico entre la Confederación y el Ejército Restaurador, una coalición formada por la naciente República de Chile y los peruanos contrarios a la Confederación.

Luego de una serie de enfrentamientos entre el Ejército Restaurador, dirigido por el general chileno Manuel Bulnes y el Ejército Confederado, conducido por el mariscal boliviano Andrés de Santa Cruz, la batalla decisiva se dio en el norte del Perú, en el valle de San Miguel, específicamente en la localidad conocida como Yungay. Los historiadores señalan que Santa Cruz ordenó fortificar su campo en Yungay, para proteger a la infantería. El ejército chileno se encontraba en desventaja, pues el valle tenía una extensión de dos leguas de largo entre el río de Ancash y el pueblo de Caraz, encerrado en toda su extensión entre el río Santa y la cordillera, por lo que para salir, necesariamente debía abrirse paso a viva fuerza. Los cerros Punyán y el Pan de Azúcar fueron el centro de acción de las tropas establecidas en la cima de los cerros por Santa Cruz, quien, así, formó un estratégico cordón militar que protegía su cuartel, instalado al pie de la montaña de Ancash. El Ejército Restaurador, luego de 12 días de espera, debió batirse en un campo abierto, con un enemigo mayor en número, acostumbrado al clima y, por tanto, poco menguado por las enfermedades, a diferencia del contingente chileno, que se vio muy afectado en este sentido. 

La idea de Santa Cruz era destinar la tropa del Pan de Azúcar para atacar al general Bulnes cuando todo su ejército se hallara comprometido y tomarlo entre dos fuegos, pero los soldados chilenos ejecutaron la proeza impensada de tomar el cerro Pan de Azúcar, considerado inexpugnable por sus escarpadas faldas. Bulnes ordena que las compañías de cazadores de los batallones Carampangue, Santiago y Valparaíso, más la sexta compañía del batallón Cazadores del Perú, procedieran al asalto del Pan de Azúcar: el ascenso de sus laderas fue muy dificultoso y los soldados llegaron muy diezmados hasta su cima; sin embargo, una vez arriba, aquellos asaltaron las trincheras y aniquilaron las cinco compañías dirigidas por el general Anselmo Quiroz, que estaban apostadas en ellas.

En respuesta, Santa Cruz ordenó a su batallón Nº 4 que cruzase el río Ancash y atacara a las fuerzas chilenas por la espalda. El general Bulnes advirtió la maniobra y envió el Colchagua a su encuentro, siendo reforzado durante la lucha con cinco compañías del Portales, obligando a los bolivianos a retirarse. El general Bulnes decide, entonces, un ataque frontal contra la posición de Santa Cruz, por lo que las tropas debieron cruzar el río en medio de numerosas descargas de fusiles, siendo solo protegidas por la artillería chilena ya emplazada en el cerro Punyán. Con los chilenos agotados, Santa Cruz ordenó a su infantería atacarlos en masa, logrando que los chilenos iniciasen una desordenada retirada por el río. Sin embargo, Bulnes, ordenó a la reserva de infantería apoyar a los combatientes sobrevivientes del Carampangue, mientras él, personalmente, se lanza al río seguido por la caballería chilena, atacando a las tropas montadas de los confederados, que debieron cesar en su ataque a la maltrecha infantería, retirándose desordenadamente, lo que permitió al comandante chileno tomar el control y atacar la reserva confederada. Entretanto, la infantería chilena, se lanza por sobre las trincheras enemigas, rompiendo sus filas y obligándolas a una fuga desordenada, sin que Santa Cruz pudiese hacer nada por volver a controlar a sus tropas. 

De esta forma, los chilenos tomaron rápidamente el pueblo de Yungay, mientras el General Bulnes enviaba al ministro de guerra de Chile un comunicado que decía: “¡Viva Chile! Sobre el campo de batalla en que he vencido completamente al enemigo en fuerza de seis mil hombres mandados por el mismo Santa Cruz, sólo tengo tiempo para decir a V.S. que la Confederación ha quedado disuelta de hecho en cinco horas de un combate reñidísimo y sangriento y que los valientes que tengo el honor de mandar y cuyo heroísmo no tiene ejemplo, han arrancado al enemigo de posiciones casi inaccesibles, su artillería, parque y todo”. 

Con este triunfo, luego de una batalla de seis horas, se pone fin a la Confederación Perú-Boliviana y Chile se perfiló como una importante potencia marítima y militar. La victoria en este conflicto bélico contra la Confederación, marcó un hito en nuestra historia, pues siendo primera vez que el país se involucraba en un conflicto internacional, había resultado vencedor sin grandes pérdidas. A eso se suma el afianzamiento de un sentimiento de nación que, hasta el momento, no cristalizaba en el país. Tanta fue la importancia de Yungay, en este sentido, que su himno militar se convirtió en un verdadero emblema nacional durante décadas, pues habla de la victoria obtenida por el pueblo chileno, cuyas figuras más representativas fueron el Sargento Juan Colipí y la Sargento Candelaria Pérez, quienes encarnaron la valentía y heroísmo del combatiente chileno.

Santa Cruz viéndose derrotado, ordena aceptar la paz que Chile desee, y abandona el campo de batalla con rumbo al sur. 

Pelearon en Yungay 4.467 soldados chilenos y 800 reclutas peruanos, o sea en total 5.267 hombres.